Mi BMW

Son las 7:30 de la mañana, es día de ruta motera. Apago el despertador antes de que me suene. Una ducha calentita, un despertar ilusionado, la niña que vive dentro de mí canta alto muy alto.

Vestirme con mi ropa motera, disfrazarme de mi otra yo. Me transformo por dentro y por fuera. Desayuno deprisa, preparo mi mochila, el móvil cargado 100% para hacer fotos y algún vídeo.

Bajo las escaleras de dos en dos. Mi gran corazón palpita muy deprisa y entusiasmado.

Me espera abajo, una gran BMW, preciosa, veloz y traviesa. A los mandos un galán grande y fuerte. Un beso a los dos. Y run run run…su ruido varonil y seguro me indica que ya me puedo subir.

Me agarro con fuerza con mis manos de cuero, la chupa femenina, el casco protector, el pantalón, los botines camperos.

La BMW empieza a avanzar, mi corazón a cien: voy a volar. Es una sensación increíble. Me siento muy segura con mi galán y la BMW. Su sonido, su confortabilidad, su majestuosidad. Todo es perfecto. Vamos a 100 a 120. La sensación de libertad, de estar volando, de ver el paisaje de primera mano.

No siento miedo, más bien al contrario, siento que estoy soñando. Siento que estoy en un sueño y que nada malo va a pasar. Curvas, cuestas, carreteras, asfalto, el sol, los pájaros, las nubes…Todo cerca muy cerca.

El olor de la Brea, el olor de los campos, de los árboles, de las flores…

Mi galán me regala con su seguridad viajes fantásticos.

Mi corazón se llena de júbilo y de oxígeno.

Soy feliz muy Feliz.

Las curvas, subidas y bajadas son una gozada. No importa que, de repente, llueva. Sentir la lluvia en el casco, en la ropa de cuero, ese olor a lluvia inolvidable. Corre corre caballo de acero…Corre.

Llegamos mi galán conductor motero y yo a nuestro restaurante favorito. Una parada, bajamos de la moto, ponemos el pie en el suelo, al principio extraña sensación, luego caminamos sobre la tierra, un paso y otro paso…

Mientras comemos comentamos la belleza del viaje y de la BMW, como si se tratara de nuestro único hijo al que amamos con locura.

Admiramos, miramos y rodeamos andando la BMW orgullosos de ella.

Y de nuevo nos montamos en ella, felices y contentos a sabiendas de que la vuelta a casa va a ser tan mágica como la ida.

Llegamos a la ciudad y vamos al garage donde dormirá la BMW. La acariciaremos, la lavamos con mimo y cuidado. Le decimos: » hasta pronto preciosa» y cogidos de la mano nos alejamos de ella con la seguridad de volvernos a ver. Nos miramos cómplices y nos besamos con amor en los labios, sabiendo que la BMW nos quiere ver siempre felices, contentos y enamorados.

Gracias BMW por ser, por estar y por llevarnos por el buen camino.

Fdo: Samara

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